
No alcanza: es verdad.
Nada alcanza y ni siquiera le vemos el rostro al diablo
para pedirle una tregua y respirar en el infierno de la ausencia.
Ni siquiera el aletear de los sueños es capaz
de mitigar la asfixia que provoca el silencio,
parado en puntas de pié sobre la loza de un tal ves.
Lentamente, el verano comenzaba a recostarse
en el ruedo de las hojas de los árboles,
porque había sofocado tanto que su canicular presencia,
hizo crisis a mitad de febrero y había que acompañar
las ilusiones de tantos suspiros echados a la luz de la luna.
Era tiempo de renuncias. El otoño también pasaría pronto.
Sin embargo crece la esperanza antes del viaje hacia la nieve,
antes de que el amor toque el suelo cayendo rebeldemente mustio,
como las hojas, como el cerrar de las ventanas negando paisajes.
Tarde por la mitad. 6PM y comienza a estirarse el espiral
por donde se podrá hallar la calma

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